La noche se había cernido sobre Luminaria con una extraña humedad. El cielo no rugía, pero en el horizonte, una franja oscura amenazaba con tronar. Desde el Faro Carmesí, las nuevas naves del Este se veían ancladas con una precisión casi militar, perfectamente alineadas en la bahía. Sus mástiles de cristal marino reflejaban la luz como lanzas apuntando al cielo.
Amara se encontraba en el mirador superior, observando en silencio, con la capa recogida y el cabello suelto ondeando