Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche siguiente descendió con un silencio inusual, como si el mundo mismo contuviera el aliento. El cielo, cubierto por nubes errantes, apenas dejaba entrever las constelaciones. Aquel firmamento, que tantas veces había guiado a exploradores y guardianes, parecía dormido. Solo una débil bruma plateada anunciaba la presencia lejana de la Luna Carmesí, oculta tras el velo celeste.
Amara, vestida con su túnica ceremonial de bordes rúnicos, caminó hacia el centro del patio del faro,






