Mundo ficciónIniciar sesiónAl despuntar el alba, el carruaje cargado zumbaba sobre el camino empedrado que se internaba en el bosque. Las ruedas chirriaban contra las piedras húmedas, levantando pequeñas nubes de polvo y hojas secas. Amara y Lykos viajaban uno al lado del otro, junto a Arik y Vania, sosteniendo el manuscrito del Oráculo y el cristal carmesí. El sol emergente teñía de oro las copas de los árboles, mientras la niebla matinal se enredaba en los troncos como un velo fantasmal.
—La cueva del Orácul






