La declaración imponente de Ezra frente a los micrófonos de la televisión nacional dejó al salón sumido en un estupor absoluto. Las luces rojas de las cámaras seguían parpadeando, registrando en vivo el rostro pálido y desencajado de Vanessa Rovira, quien parecía haberse quedado completamente sin aire en medio del pasillo principal.
El Contraataque Social de nuestra farsa pública estaba triturando la reputación de mis enemigos en su propio terreno de juego.
Ezra no esperó a que la prensa asimilara el impacto de sus palabras. Manteniendo su brazo derecho firmemente asentado alrededor de mi cintura baja, dio un paso más hacia el frente del escenario de exhibición, fijando sus intensos y fríos ojos grises directamente en la figura temblorosa de mi ex mejor amiga.
—Y para que no quede ninguna duda sobre el nivel de autenticidad que maneja esta marca independiente —continuó Ezra con su voz profunda, ronca y pausada, provocando que los inversores de la junta se inclinaran hacia adelante con evidente curiosidad—, quiero anunciar formalmente el primer gran acuerdo comercial de esta nueva etapa de reinauguración.
Hizo una breve pausa intencional, permitiendo que la tensión en el aire denso del salón de costura alcanzara su punto más crucial.
—A partir de este segundo, la Corporación Vardan ha firmado un contrato de exclusividad total con el estudio de diseños de Bianca Serna —sentenció el CEO, y su mano aplicó una sutil presión en mi cadera, pegando mi espalda descubierta contra su torso—. Ella se encargará personalmente de rediseñar toda la línea textil, uniformes de etiqueta y decoraciones de alta costura de nuestra cadena de hoteles premium.
Es una transacción multimillonaria que deja fuera del tablero a cualquier distribuidora que pretenda competir con nosotros.
Un jadeo colectivo de asombro absoluto recorrió las mesas de los inversores comerciales. Las amigas de Vanessa dieron un paso atrás de inmediato, rompiendo su postura de superioridad aristocrática para alejarse de ella como si fuera una molestia mediática.
Vanessa tembló de pura furia y envidia cruda. Sus ojos oscuros pasaron desde los documentos que Marisol sostenía con orgullo en su pantalla digital hacia el gigantesco diamante de platino que brillaba con fuerza en mi dedo anular izquierdo.
Se dio cuenta, ante los ojos de todo el país que sintonizaba la transmisión en vivo, de que la mujer a la que había intentado ridiculizar acababa de quitarle el contrato más importante del sector textil.
Al fondo de la sala, Cristhian Olmos lucía completamente destruido. Su boca se abrió en una mueca de pura frustración y pánico financiero al entender que la mención de Ezra los dejaba al borde de la quiebra definitiva en el mercado local.
—Esto... esto es un atropello corporativo —intentó balbucear Cristhian, dando un paso en falso hacia el escenario, perdiendo por completo los modales de la alta sociedad—. Ese contrato textil nos pertenecía por derecho de antigüedad en la distribuidora. No puedes simplemente...
—Puedo hacer exactamente lo que dicte el beneficio de mis acciones, Olmos —lo cortó Ezra con una frialdad glacial que congeló el ambiente tres grados bajo cero—. Y mi holding no hace negocios con empresarios incompetentes que usan sus influencias para levantar listas negras por puros despechos personales.
Te sugiero que tomes a tu esposa y te retires de esta oficina de inmediato, antes de que ordene a mi equipo de seguridad que los saque a la acera frente a los reporteros que aguardan en la entrada.
La humillación de Vanessa y Cristhian alcanzó su clímax definitivo ante las cámaras de televisión.
Mi ex mejor amiga, incapaz de sostener la mirada de desprecio de sus propios inversores y muerta de una envidia que le deformaba el rostro, dio media vuelta con un movimiento brusco.
Tomó a Cristhian del brazo con desesperación y comenzó a huir del lugar a pasos apresurados, arrastrando sus pomposos encajes franceses por el pulido suelo de mármol mientras las lentes de los fotógrafos registraban cada segundo de su vergonzosa retirada.
Las seguidoras superficiales de su círculo social la abandonaron en el acto, dispersándose entre la multitud para intentar ganarse el favor de mi nueva marca.
Una sonrisa letal, cargada de una satisfacción fría y absoluta, se dibujó en mis labios pintados de rojo carmín al verlos desaparecer por las gigantescas puertas dobles de madera. El orgullo que me habían robado el lunes por la mañana había sido devuelto con creces en una sola noche de guerra mediática. Mi venganza había sido ejecutada de forma perfecta por el hombre que seguía reclamándome ante el universo financiero.
Giré la cabeza sutilmente para mirar a Ezra, dispuesta a mantener el protocolo de nuestra farsa pública mientras los inversores comenzaban a aplaudir con entusiasmo en el salón de costura.
Sin embargo, al cruzar mis ojos con los suyos, el corazón me dio un vuelco salvaje de pura adrenalina. Ezra no miraba a la prensa que celebraba el anuncio de su contrato hotelero, me miraba a mí con una fijeza implacable, posesiva y sumamente concentrada que me erizó los vellos de todo mi cuerpo. Sus ojos grises de invierno se habían oscurecido por completo, fijos en la palidez de mi piel y en el rojo de mi boca con una intensidad que no tenía nada que ver con los negocios de la junta directiva.
La abrumadora presencia física de su cuerpo pegado al mío me provocó una descarga eléctrica que me recorrió toda la columna vertebral.
Podía sentir el calor abrasador que emanaba de su pecho musculoso a través de la fina seda verde esmeralda de mi vestido de diseño propio. Su mano en mi cintura baja seguía ejerciendo una presión constante, un recordatorio físico de que, aunque la batalla contra Cristhian y Vanessa había terminado con una victoria aplastante, el verdadero peligro de mi farsa pública seguía estando a mi lado en este palacio de cristal.
Marisol se aproximó a nosotros con una reverencia sutil, interrumpiendo el tenso silencio que había estallado entre ambos en medio de los aplausos de los asistentes.
—Jefa, los directores del holding hotelero y los inversores principales están esperando en el salón de exhibición para firmar las actas de inicio de la nueva colección —anunció Marisol con una sonrisa de absoluta lealtad corporativa hacia nuestra marca—. El Contraataque Social ha sido un éxito rotundo en todas las plataformas digitales del país.
—Diles que pasaremos de inmediato, Marisol —le respondí, obligando a mi voz a sonar firme, clara y pausada a pesar de los latidos desbocados de mi corazón.
Ezra inclinó sutilmente la cabeza hacia mi rostro, de modo que su aliento tibio rozó la piel de mi mejilla, provocándome un escalofrío salvaje que amenazó con desarmar mi postura rígida.
—Sostén la guardia alta, pequeña diseñadora —me susurró al oído con esa voz ronca que tanto me afectaba—. El primer round en tu oficina ha terminado con tus enemigos huyendo en la ruina, pero el mundo de la alta sociedad todavía está observando cómo manejas las riendas de mi apellido.
Demuéstrales de qué estás hecha.
Apreté los dedos de mi mano libre contra el frente de su camisa blanca impecable, sintiendo el latido potente y firme de su corazón bajo el traje azul noche. El contrato de matrimonio falso por seis meses nos había llevado a la cumbre del éxito en un parpadeo absoluto, pero al mirar la fijeza calculadora de sus ojos de invierno, supe que la verdadera tormenta apenas estaba por comenzar, y que las reglas de mi propio papel arrugado serían lo único que me protegería de la obsesión que estaba empezando a consumir las barreras de mi destino.