La voz distorsionada de la recepción principal se quedó flotando en el aire cerrado del salón como una bomba de tiempo.
El agarre de Ezra en mi espalda descubierta se volvió aún más rígido en medio de la penumbra de la sala. Podía sentir la furia gélida que emanaba de su pecho musculoso a través de la fina tela de mi blusa de seda, delatando que el titán corporativo no estaba dispuesto a tolerar una sola fisura en el perímetro de sus dominios privados.
Nos separamos con una lentitud exasperante