El martes por la tarde se desmoronó sobre el distrito financiero con una rapidez violenta que amenazaba con oscurecer los rascacielos mucho antes de tiempo.
Las nubes negras que habían estado cubriendo la ciudad desde la mañana finalmente estallaron en una tormenta eléctrica de proporciones destructivas. El agua golpeaba los gigantescos ventanales panorámicos de mi nuevo taller con una fuerza implacable, amortiguando el sonido de las máquinas de coser y obligando a mi equipo de asistentes a enc