Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana siguiente amaneció gris. El viento golpeaba las ventanas de la casa de campo, arrastrando hojas secas y el eco de una tormenta que nunca llegó.
Sophie bajó con el rostro sereno, el cabello recogido en un moño apurado. Había llorado, pero no dejaría que él lo notara. Quería irse. Quería volver a Nueva York, al ruido, al caos, a cualquier lugar donde él no existiera en cada respiración.
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