Mundo ficciónIniciar sesiónEl bar privado del Hotel St. Regis parecía flotar en un perpetuo crepúsculo. Las luces eran tenues, estratégicas, derramando destellos dorados sobre las copas de cristal tallado. El aire olía a una mezcla intoxicante de whisky caro, perfume francés y deseo contenido. La música, un suave jazz que parecía deslizarse entre las mesas, hacía que todo se sintiera lento, medido, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para observar a los po







