Capitulo 58

El cielo era de un azul cristalino esa mañana. El sol brillaba sin agresividad, cálido y suave, tiñendo las hojas de los árboles de un verde más vivo. La mansión estaba en su ritmo matutino habitual, aunque en el comedor aún quedaban rastros del desayuno: un mantel con migas, una taza de café medio vacía, y el dibujo de Emma, con su decreto real decorado con escarcha plateada.

Emma trotaba feliz por el pasillo rumbo a la entrada principal, con su mochila de ositos en la espalda y su moño ligera
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