Meses después
El sol de la tarde caía oblicuo sobre los ventanales altos de la iglesia, tiñendo las paredes de piedra con un resplandor áureo. Los vitrales multicolores dibujaban en el suelo mosaico de luz que parecían danzar al ritmo de las voces del coro. Afuera, el aire olía a magnolias recién abiertas y al incienso que se escapaba por la puerta principal.
Ana Lucía respiró profundo, acomodándose el velo que caía en cascada sobre sus hombros. El vestido, blanco marfil con bordados de enca