Capitulo 172

El aire en el pasillo de la clínica era denso, cargado de ansiedad. El tic-tac del reloj parecía martillar cada segundo en la sien de Maximiliano. Había caminado tanto en círculos que la suela de sus zapatos empezaba a chirriar contra el suelo encerado. De pronto, un grito distinto rompió la espera. No era el dolor de Ana… era un llanto agudo, frágil y a la vez poderoso, que atravesó las paredes como un milagro.

Maximiliano se quedó inmóvil, con el corazón desbocado. Las lágrimas se le agolparo
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RufinaNo se merecía esa muerte, se merecía la cárcel, además no estaba tan loca si tomó pastillas. La verdad a mí no me gustó.
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