El alta llegó antes de lo que Ana Lucía esperaba. Los médicos, tras varios días de vigilancia estrecha, decidieron que estaba lista para continuar la recuperación en un ambiente menos aséptico y más humano. Había avances notables: su presión era estable, su respiración más firme, y aunque todavía debía caminar despacio y con ayuda, su cuerpo había respondido a la vida como quien se aferra con uñas y dientes.
La noticia corrió entre los suyos como un fuego dulce. Maximiliano fue el primero en so