Un año después
El sol del mediodía acariciaba con suavidad los jardines de la mansión, llenándolos de destellos dorados que se filtraban entre las ramas del viejo roble. La brisa movía con delicadeza las hojas, y el aire traía consigo un perfume fresco de bugambilias y jazmín. El canto de los pájaros se mezclaba con las risas cristalinas de los niños, creando una melodía perfecta para un día que parecía tejido de felicidad.
En medio del césped, Emmanuel tambaleaba con pasos torpes y decididos.