El segundo amanecer en la mansión fue distinto para Ana Lucía. Aunque todavía se sentía frágil, la rutina de amor que la rodeaba había empezado a devolverle un brillo perdido. El olor a café recién colado llegaba desde la cocina, mezclado con el perfume de los jazmines del jardín que se filtraba por la ventana abierta. Desde la cama, podía escuchar las risas de Emma en el pasillo, inventando juegos con Camila, y el murmullo grave de la voz de Maximiliano conversando con un empleado sobre un det