El día de la salida llegó más pronto de lo que Ana Lucía esperaba. La mañana amaneció clara, con un sol dorado que se filtraba por las persianas de la clínica. Afuera, el bullicio de los autos y el canto lejano de algunos pájaros parecían celebrar el inicio de una nueva etapa.
Ana estaba recostada en la cama, con Emmanuel en sus brazos, dormido profundamente. La fragancia del jabón neutro y las sábanas limpias se mezclaba con el olor dulzón de la leche materna. Sentía el peso tibio de su hijo c