La luz del amanecer se filtraba entre las cortinas con la delicadeza de un suspiro. Una brisa suave colaba el aroma a césped húmedo y flores frescas desde el jardín, acariciando el aire del dormitorio con promesas de un nuevo día.
Maximiliano dormía boca arriba, el brazo izquierdo extendido como si aún buscara el calor de Ana Lucía a su lado. Su respiración era lenta, profunda, con una leve sonrisa adormilada en los labios. Ana Lucía, acurrucada contra él, con una pierna enredada en la suya y e