Capitulo 55

El reloj marcaba las once pasadas. La mansión dormía, sumida en una quietud tan densa que cada pequeño sonido parecía una confesión.

Desde la habitación, la brisa nocturna se colaba por las ventanas entreabiertas, moviendo suavemente las cortinas blancas como si respiraran. Afuera, los árboles se mecían con pereza bajo el cielo cuajado de estrellas. El aroma del jazmín que florecía en el jardín trepaba hasta lo alto, envolviendo la estancia en un perfume delicado, casi hipnótico.

Ana Lucía esta
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