La luz de la mañana se filtraba por las cortinas del departamento, tiñendo la habitación con un resplandor dorado y suave. Afuera, el murmullo lejano del tráfico comenzaba a crecer, pero dentro, el ambiente todavía estaba envuelto en esa calma frágil que precede al inicio del día. El reloj marcaba apenas las ocho, y el aire olía a una mezcla hogareña de café recién hecho y pan tostado, con un toque dulce a mermelada que impregnaba la cocina.
Ana Lucía estaba sentada a la mesa, con una taza de t