Bruno
El motor rugía bajo el capó de mi coche, un vehículo que, como yo, no hacía alarde de su potencia pero dejaba claro lo que era: imponente, silencioso, seguro. Mi mano descansaba sobre el volante con la firmeza acostumbrada, adornando mi muñeca con un reloj Patek Philippe, mientras lanzaba una mirada rápida a Cindy, que jugueteaba con los botones del panel como si el auto fuera un maldito parque de atracciones.
—¿Puedes dejar de tocar todo? —mi tono fue seco, pero a ella no pareció importa