Cindy
El suave murmullo de la ciudad apenas llegaba a la suite, filtrado por los ventanales que daban al balcón. Me desperté lentamente, sin abrir del todo los ojos, envuelta en las sábanas más suaves que había sentido en mi vida, como si estuviera durmiendo en una nube. La cama tenía ese mismo olor inconfundible de las cosas de Bruno, limpio, caro, inalcanzable.
Giré la cabeza hacia el balcón y lo vi. Bruno estaba sentado allí, con una taza de café en una mano y un periódico en la otra. Su p