Cindy
Cuando nos acercamos al grupo de no más de 15 personas esparcidas en diferentes bancos, una señora nos vio.
Era una mujer elegante, de cabello perfectamente arreglado, ojos plata y un vestido que gritaba sofisticación. Su mirada se posó en mí inmediatamente, como si hubiera esperado este momento durante años. Sonrió, pero no era una sonrisa común; era una sonrisa que te evaluaba, me miró de arriba abajo sin cohibirse.
—Hijo —dijo la señora con una mezcla de sorpresa y entusiasmo mient