Cindy
16 horas de vuelo. El aterrizaje en Turquía fue suave, pero el ambiente que nos esperaba en tierra era cualquier cosa menos tranquilo. Desde la ventanilla del jet, había amanecido. No había señales de un aeropuerto convencional, ni de multitudes ni de ruido; solo la silenciosa presencia de vehículos negros estacionados a una distancia estratégica, con hombres armados distribuidos de manera casi militar.
A medio viaje me había ido a sentar con Bruno y poco antes de aterrizar me lavé la