El pasillo se extendía como una vena oscura en el corazón de la fortaleza, la piedra estaba fría, impregnada de un olor metálico que no era solo humedad… era sangre vieja, muy vieja. Mari iba delante revisando cada baldosa con cautela, Rynn cubría la retaguardia, y yo sentía a Grayson caminar junto a mí, pero ya no como un hombre debilitado, sino como un depredador que había despertado de un largo letargo.
—¿Te sientes diferente? —le susurré mientras avanzábamos.
Él me dedicó una media sonrisa,