Lyam
La oscuridad aún colgaba sobre los muros del castillo cuando lo divisé en el horizonte, erguido y poderoso como si desafiara al mismo tiempo. Había pasado días en medio del hedor, del dolor y la podredumbre de las manadas sometidas, y regresar con la visión de esas torres recortándose contra el cielo nocturno me produjo un extraño alivio. Pero no había paz en mí. Lo que vi allá afuera había calado en mis entrañas como veneno: aldeas en ruinas, lobos encadenados, mujeres reducidas a mercan