Las dias pasaron, dos semanas en las que Paolo había regresado a Roma sin Sofía. Sentía una especie de libertad, esa que tanto tiempo había dejado de experimentar.
Mientras Paolo realizaba las juntas de negocios en Roma, Sofía lleva un vida normal.
—Señora, hay algo que aún no me dice, tantos años y no tengo derecho de merecer su confianza. —habló Sara mirando a Sofía fijamente a los ojos, sabía que su mirada era correspondida.
Sofia parpadeó y si vista tuvo señales de visión ante Sara.
—Espero