Dos semanas pasaron, Sofía había recuperado la vista y ese era su mayor secreto.
Como era costumbre, después de arreglarse bajó, guiada por su bastón llegó a la oficina de Paolo.
—Quiro todo listo para mañana a primera hora. —dio la orden que escuchó a Paolo.
—¿Vas de viaje? —preguntó con aparente calma.
—Viajaré a Grecia, reunión de trabajo. —respondió indiferente.
—Grecia... siempre quise ir a Santorini, ahora. Así vaya no podré tener el gusto de ver sus paisajes.
Paolo ma miró por lo bajo.
—