Cinco años después.
La mansión Marccetti brillaba aquella noche como nunca antes. Guirnaldas de luces colgaban de los árboles del jardín, y una enorme carpa blanca estaba decorada con flores lilas y rosas, los colores favoritos de Paulina. Había música suave en el aire, y cada rincón parecía preparado para celebrar no solo los quince años de una jovencita, sino la historia de toda una familia que había aprendido a sanar juntos.
Adrianna miraba a su hija con los ojos llenos de lágrimas contenida