Maximilien la tomó de la mano y la condujo hacia la mesa. Le sirvió una copa y le sonrió, guardando silencio mientras luchaba por contener las ganas de confesarle todos esos sentimientos que había guardado durante años. A veces, las palabras de Gracia lo confundían, y no sabía si leerlas como una señal… o como un error.
Ella bebió un sorbo y volvió a mirarlo, expectante. Esta vez, repitió la pregunta con un tono más insinuante.
—Dime, Maximilien, ¿con quién crees tú que soy compatible?
Él la so