Mientras en Calabria la maquinaria de los Lombardi y los Moretti se ponía en marcha, con Salvatore, Alessandra y Francesco dirigiéndose a la constructora llevando consigo a la pequeña Elizabeth, quien insistía en que su "trabajo" era supervisar a su padrino, en Sicilia, el destino estaba a punto de jugar una carta violenta.
El sol de Palermo brillaba con fuerza cuando Hillary salió del edificio de oficinas. Se sentía extraña; la normalidad de un trabajo nuevo chocaba con el caos que había dejad