Francesco estaba revisando los deberes de Sara cuando su teléfono sonó con un número desconocido. Dudó un momento antes de contestar.
—¿Sí?
—Rossi —dijo una voz masculina, grave y con un acento americano apenas perceptible—. Soy Nick.
Francesco se puso de pie tan rápido que la silla cayó hacia atrás. Sara lo miró con ojos asustados.
—Walton —logró decir, conteniendo la mezcla de emociones que ese nombre despertaba—. ¿Qué quieres?
—No tengo tiempo para preámbulos. Sara está en peligro. Hay un hombre vigilándola cuando sale del colegio. Auto negro, matrícula enmascarada. He enviado pruebas a Salvatore. Aumenta la seguridad ahora mismo.
—¿Cómo sabes...?
—Porque aún me importan mis niños y ahora tu hija es importante para Isabella también —cortó Nick, y su voz tenía un deje de amargura—. Y, a pesar de todo, te estoy dando esta oportunidad de proteger a tu hija. No la desperdicies.
La llamada se cortó. Francesco, con la preocupación latente, caminó hacia el estudio donde se encontraba Salv