El nuevo día amaneció con la rutina reconstruida de la mansión Moretti. Los niños, con sus mochilas nuevas y uniformes impecables, desayunaron apresuradamente antes de que Carter y Arthur los llevaran al colegio. Sara, aún sin matricular pero con ropa nueva, observaba con cierta nostalgia el ritual que le era ajeno.
—Pronto irás con ellos —le susurró Isabella, notando su mirada—. Solo necesitamos unos trámites.
Luego, Isabella y Charly partieron hacia la constructora, sumergiéndose en planos y