La mañana del día de la fiesta amaneció con un sol cobarde que se filtraba entre las nubes, como si dudara en iluminar la escena. Pero dentro de la Mansión Moretti, la energía era otra. Había una misión: transformar la tensión en alegría, aunque fuera prestada y por una noche.
El jardín trasero, amplio y protegido por altos muros cubiertos de enredaderas, se convirtió en el campo de operaciones. Mesas largas de madera rústica fueron sacadas y alineadas. Sillas de hierro forjado con cojines de c