La noche era tranquila en la mansión Rossi, hasta que un grito desgarrador rompió el silencio. De repente, la puerta de la habitación principal se abrió de golpe y Fiorella irrumpió, corriendo hacia la cama de sus padres con el rostro pálido y bañado en lágrimas.
— ¡Mami! ¡Algo le pasó al tío Salvatore! —gritó, enterrándose en los brazos de Isabella—. ¡Estaba hablando con él por teléfono y algo explotó! ¡Se escuchó muy fuerte y luego no se escuchó nada más!
Isabella, alarmada, la abrazó con fue