La noche anterior se cerró con el peso del agotamiento hundiéndose en los huesos de todos. Nick, observando el mapa digital y la tensión en los hombros de Lucius, cerró la tableta con un golpe seco que resonó en el búnker táctico.
—A dormir. Todos —ordenó Nick con una autoridad que no admitía réplicas—. Necesitan estar descansados para mañana. No es un día para errores, y los reflejos lentos nos enviarán a una fosa. Lucius, deja de afilar esa daga. Salvatore, deja el whisky. Mañana el sol saldr