El agua del Mediterráneo envolvía sus cuerpos como una caricia fresca, pero el calor que emanaba del contacto entre Salvatore y Alessandra desafiaba la temperatura del mar. El Don de Sicilia alcanzó a su mujer a unos metros de la orilla, donde el agua les llegaba a la altura de la cintura. Con un movimiento certero, la tomó por los costados y la atrajo hacia sí, haciendo que el agua salpicara alrededor de ellos mientras las olas rompían suavemente contra sus torsos.
—Te atrapé —susurró Salvator