El amanecer sobre la bahía privada de Sicilia se presentó como una obra de arte en tonos pastel. El cielo, teñido de un rosa pálido y destellos dorados, reflejaba su luz sobre el mar en calma, cuya marea apenas producía un murmullo arrullador contra la orilla. Tras una noche de descanso absoluto y desconexión, Alessandra fue la primera en abrir los ojos. Se estiró con parsimonia, sintiendo el cuerpo ligero y renovado. A su lado, Salvatore continuaba durmiendo con un brazo pesado y posesivo desc