Mientras Alessandra salía de la mansión Lombardi para regresar al hotel, dejando todo en una aparente y frágil calma, el aire en Calabria seguía cargado de la estática que dejan las verdades a medio decir. En el jardín de la mansión Rossi, Salvatore dejaba a Francesco sumido en una reflexión amarga, rodeado por el humo de un cigarro que parecía no tener fin.
Salvatore entró en su habitación con el cuerpo molido por la batalla y el espíritu cínico de siempre. Al dejar las llaves sobre la mesa, s