La mañana del bautizo amaneció con un sol engañosamente brillante sobre Sicilia. La luz bañaba la Villa Lombardi, creando destellos en los cristales de las ventanas y acariciando los rosales perfumados. Dentro, el ambiente era un hervidero de actividad contenida y elegancia nerviosa.
Alessa, vestida con un impecable traje sastre color marfil, ajustaba el broche de perlas en el cuello mientras observaba a Idara colocar el último mechón de cabello de Gabriela. La pequeña llevaba un vestido de sat