El eco del mensaje de Kareem seguía vibrando en la mente de Charly mientras sus ojos escaneaban la penumbra del bosque que bordeaba la carretera del acantilado. Sintió una presencia, el frío metálico de una mirada observándolo desde la distancia, como si el mismo diablo estuviera sentado entre los árboles disfrutando del espectáculo de su ruina. Sabía que Kareem no había terminado; la tragedia de esa mañana era solo el primer acto de una guerra que apenas comenzaba a cobrar sus primeras víctima