La mañana llegó con una luz dorada y el aroma de los azahares. Isabella y Madeleine decidieron que, si el mundo exterior era un caos, el jardín de la mansión sería un santuario. Organizaron algo especial: una mesa larga bajo la sombra de los grandes robles, decorada con flores frescas y llena de los platos favoritos de los niños. Había panqueques con miel, frutas frescas, jugos naturales y ese aroma a chocolate que solía disipar las penas infantiles.
Trataban de animarlos. Marco y Leonardo Jr a