Mientras la mansión Moretti se hundía en un silencio artificial, ese donde los niños finalmente descansaban y los adultos lidiaban con sus propios demonios en las sombras, a kilómetros de allí, en un refugio oculto entre los acantilados de la costa romana, Kareem, La Viuda Negra y Rebeca disfrutaban de su nueva partida.
Kareem estaba sentado en un sofá de terciopelo negro; a su lado, La Viuda Negra sostenía una copa de cristal tallado, observando cómo el líquido vino tinto se mecía contra las p