—¿Qué pasó? —preguntó Isabelle, con la voz apenas audible.
Marina levantó la mirada, los ojos rojos, la expresión rota.
—Tu papá… Edward iba camino a casa. El auto… hubo un accidente. Lo trajeron aquí, pero… no lo logró, Isa. No lo logró.
Isabelle se quedó quieta.
Luego se soltó.
El llanto la venció sin resistencia, y se hundió en los brazos de Marina, que la sostuvo como solo una madre puede hacerlo.
James se acercó con respeto, sin invadir.
—Lo siento mucho —dijo, con voz baja, since