La luz de la mañana se filtraba con suavidad por las cortinas de la habitación principal en Belvedere Hill. Era sábado, y el silencio en la casa tenía ese ritmo lento que solo los fines de semana conocen. Isabelle se despertó antes que el sol terminara de elevarse. No se detuvo a mirar el reloj. Se levantó con una sensación que ya no podía ignorar.
Fue directamente al baño.
Al salir, James aún dormía, con el rostro relajado y el torso descubierto entre las sábanas. Isabelle comenzó a vestir