La tarde en Springhill avanzaba con lentitud. El funeral había dejado una calma pesada en la casa de los Lowell, como si el aire mismo respetara el duelo. Isabelle permanecía cerca del ventanal, mirando sin mirar, con los ojos perdidos en el gris del cielo.
Jonathan y Vivianne se acercaron con discreción. Él con las manos en los bolsillos, ella con una expresión serena pero atenta.
—Isa —dijo Jonathan, con voz baja—. Te vimos muy cerca de James.
Isabelle giró hacia ellos, sin sorpresa.