La noche avanzaba con elegancia. Las luces del jardín titilaban como estrellas domesticadas, y la música envolvía cada rincón del salón con notas suaves y seductoras. Noah había pasado un rato encantador con Celeste, compartiendo risas, recuerdos y algún vino que ella describía como “decadente en el mejor sentido”.
Pero su atención no tardó en desviarse.
Isabelle estaba sola en la barra de bebidas, con una copa de champán en la mano y la mirada perdida entre los reflejos dorados del crista