La tarde se deslizaba con calma sobre York, como si el tiempo supiera que no debía apresurar nada. Los cuatro —James, Isabelle, Noah y Celeste— habían compartido el día entre risas, cafés breves y conversaciones que giraban en torno a la boda que se acercaba. Había una ligereza en el aire, como si todos supieran que estaban viviendo algo que pronto se convertiría en recuerdo.
Después de almorzar juntos, James se alejó momentáneamente para ir a recoger su traje a *Sarto Privé*, el atelier dond