La puerta se cerró con un clic suave, sellando el silencio de la habitación. Isabelle se giró con una sonrisa traviesa, el tipo de sonrisa que guardaba para momentos donde no existían reglas ni excusas. Caminó despacio hacia James, sus pasos casi un juego, y comenzó a desabotonar la camisa de lino que él llevaba puesta.
—No quiero dormir esta noche —susurró, mientras sus dedos deslizaban uno a uno los botones.
Cuando la tela se abrió, la quitó con delicadeza y la dejó caer al suelo. Sus man