La cena había terminado, pero el comedor seguía lleno de voces suaves y miradas cómplices. Las copas vacías y los platos retirados dejaban espacio para la conversación que se tejía entre risas y planes.
Isabelle se levantó con calma y se dirigió a los niños.
—Es hora del baño… y de ir a dormir.
Leah y Alex se giraron al mismo tiempo hacia James, con ojos brillosos.
—¿Puedes venir a vernos cuando estemos en la habitación? —preguntó Leah.
—¿Despiertos, eh? —añadió Alex, con una sonrisa