El restaurante *La Dorée*, uno de los más exclusivos de York, era todo lo que se esperaba: luz tenue, columnas blancas, música instrumental francesa flotando en el aire como perfume elegante. Isabelle estaba sentada en una mesa junto a las ventanas, fingiendo elegir entre los postres mientras sus emociones se acomodaban en los pliegues de su vestido.
A su lado, las dos amigas que habían llegado desde Francia esa mañana la rodeaban con entusiasmo.
—¡J’adore cette ville! —exclamó Camille More