La noche de la gala llegó envuelta en elegancia y expectativas. En la Mansión Moore, cada rincón había sido preparado para impresionar: luces cálidas cruzaban el techo de cristal del salón principal, el suelo brillaba con el reflejo de incontables zapatos de diseñador, y las copas tintineaban como si celebraran algo que aún no había sucedido.
Isabelle apareció en la escalinata central y el mundo pareció inclinarse hacia ella.
Vestía un vestido largo en terciopelo negro profundo, con detalles